37En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. 38El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. 39Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado.
Juan 7:37-39
Introducción: Todos estamos familiarizados con la sed física.
El cuerpo está compuesto de 80% de líquido, esto quiere decir que trasportamos agua a parte de los huesos, al cerebro, a los órganos blandos (hígado, vesícula, riñones, estómago).
Al dejar de tomar agua o líquidos, hay efectos, el ser humano empieza a:
• tener pensamientos incoherentes,
• su piel se reseca,
• los órganos se pliegan;
En pocas palabras nos deshidratamos.
En este pasaje que leímos el Apóstol Juan explica que Jesús estaba hablando del Espíritu Santo que iba a satisfacer la sed personal espiritual.
El Espíritu Santo vino después de la crucifixión y ascensión de Jesús, quien preparó a sus discípulos para esto en el aposento alto.
Vuelvo a reitérales, el cuerpo necesita agua.
Dios nos creó con sed para que sirva como “indicador de sequedad”.
Si no tomamos suficiente agua permitimos que los niveles de fluidos bajen, comienzan los síntomas de la deshidratación:
• boca seca,
• lengua pesada,
• dolor de cabeza, rodillas endebles, entre otros.
Proposición: En este mensaje no daremos cuenta a través de algunos síntomas si estamos privando nuestra alma del agua espiritual que Cristo nos ofrece.
Interrogante: ¿Cuáles?
Palabra Clave: Síntomas.
I.- Síntoma para saber si estamos privando a nuestra alma del agua espiritual que Cristo nos ofrece es: El Temperamento irritado.
Hay personas que su estilo de vida es la ira, siempre están molestos o siempre están enojados.
El hombre iracundo levanta contiendas, Y el furioso muchas veces peca.
Proverbios 29:22
No te entremetas con el iracundo, Ni te acompañes con el hombre de enojos.
Proverbios 22:24
Este pasaje es una advertencia evidente acerca del cuidado que debemos tener a la hora de elegir nuestros amigos, porque ellos afectan INEVITABLEMENTE nuestro carácter.
Hay una vulnerabilidad en nosotros que no siempre somos capaces de ver y reconocer que somos personas iracundas por hemos privado a nuestra alma del agua espiritual que Cristo nos ofrece.
II.- Síntoma para saber si estamos privando a nuestra alma del agua espiritual que Cristo nos ofrece son: Las preocupaciones.
En el Sermón del Monte, Jesús enseña con gran convicción cuán despreciable y tonto es preocuparse.
Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?
Mateo 6:25
La preocupación está motivada generalmente por el miedo.
El miedo es un sentimiento de ansiedad causada ya sea por una presencia real o percibida de peligro, mal, dolor, o consecuencias.
La gente se preocupa, no solo por los bienes materiales, sino también por lo que otros puedan pensar de ellos. Y en general, lo que depara el futuro.
La preocupación es, por lo tanto, el tremendo engaño de Satanás, porque ocupa nuestros pensamientos y a menudo conduce a una gran incredulidad.
El mejor antídoto contra la preocupación es llenarnos con palabras de fe, y creer en las palabras de Jesús que quiere que nuestra alma beba del agua espiritual que Él nos ofrece.
III.- Síntoma para saber si estamos privando a nuestra alma del agua espiritual que Cristo nos ofrece es: La Culpa.
La Culpa trae consecuencias a nuestra vida.
• La culpa le roba el deseo de gratitud hacia Dios.
• La culpa ata al pasado haciendo perder las bendiciones del presente.
• La culpa no le permite aprender de los errores.
• La culpa hace que lastimes a otros haciéndoles sentirse culpables manipularlos o hiriéndolos
Y tocando con él sobre mi boca, dijo: He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado.
Isaías 6:7
No fue el carbón lo que lo quito la culpa y limpió al profeta Isaías, sino Dios. En respuesta, ya que el profeta Isaías se sometió por entero a su servicio.
El mejor antídoto contra la culpa es creer en las palabras de Jesús que quiere que nuestra alma beba del agua espiritual que Él nos ofrece.
Conclusión:
La Biblia dice:
1Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas,
Así clama por ti, oh Dios, el alma mía.
2Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo;
¿Cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios?
Salmos 42:1-2
Lo que el agua puede hacer por tu cuerpo, Jesucristo lo puede hacer por tu corazón –lubricarlo e hidratarlo–.
Él ablanda lo endurecido y limpia lo oxidado
Jesús explica:
38El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.
39Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado.
Juan 7:38-39
Él hace por tu alma lo que el agua hace por tu cuerpo.
No tenemos que darle instrucciones al respecto.
Ninguno le da instrucciones al agua antes ni después de tomarla.
Ninguno de nosotros miramos el agua que vamos a tomar y le decimos:
• “Necesito 10 gotas en la vesícula,
• 50 gotas en el sistema cardiovascular, y
• el resto en mi cerebro”.
El agua sabe a dónde ir.
Asimismo, Jesucristo también sabe lo que necesitamos, Él no necesita de nuestras instrucciones, sólo nuestro permiso para obrar en nosotros.
Debemos entregarnos, voluntariamente, a su señorío.
¿Cuáles Síntomas estamos experimentando que nos revelan que estamos privando a nuestra alma del agua espiritual que Cristo nos ofrece?
Temperamento irritado.
preocupaciones.
Culpabilidad
Permite en esta hora que el Espíritu Santo baje por la “garganta” de tu alma, mientras deshace los temores, lava tus remordimientos y deshaga tus culpas.
“…Si alguno tiene sed, venga a mí y beba”
Juan 7:37
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