La palabra “justificación” que se encuentra en las versiones castellanas de la Biblia es la traducción del término griego dikaíosis la cual ocurre solamente dos veces en el Nuevo Testamento, ambas en la epístola a los Romanos.
El cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación.
Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida.
Esta palabra, en estos textos, significa “el acto por medio del cual Dios declara a las personas libres de toda culpa que había contra ellas, y aceptables en su presencia.”
La justificación, como una doctrina de la fe cristiana, se ha definido en el catecismo de Westminster como “Un acto de la gracia gratuita de Dios, por medio del cual Dios perdona todos nuestros pecados, y nos acepta como justos en su presencia, sólo por la justicia de Cristo que nos es imputada, y recibida sólo por la fe”.
“Justificar” viene del griego dikaióo, palabra que evoca la imagen de una corte de ley en la cual el juez declara que los delitos de los cuales una persona es acusada no le son imputados, y que, por lo tanto, no es culpable.
De manera que dikaióo connota la idea de “justificar”, “vindicar”, “tratar como justo”.
Un ejemplo de esta idea la encontramos en:
Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida.
Ser justificado por Dios a través de la fe en el acto reconciliatorio de Cristo es, por lo tanto, gozar de paz con Dios.
Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.
Eso significa que la enemistad es removida y la reconciliación con Dios se obtiene.
Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida.
Hay, por lo menos, tres elementos en el acto de la justificación que van necesariamente inseparables.
1.- Elemento: el Perdón.
No puede haber justificación sin que la persona sea perdonada por Dios de todos sus pecados.
Perdón significa que el pecado, como una barrera entre la persona y Dios, es removido y por lo tanto la comunión es restaurada.
La persona que es perdonada experimenta una nueva relación de paz con Dios, ya que su sentido de culpa es quitado.
Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.
2.- Elemento: Adopción.
Íntimamente ligado a la justificación está el acto de adopción que Dios lleva a cabo a través de Cristo.
Adopción es la traducción de la palabra griega juiothesía la cual está en el Nuevo Testamento cinco veces.
Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!
Y no solo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo.
Que son israelitas, de los cuales son la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas.
Para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos.
En amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad.
Con respecto al creyente, la adopción denota “la naturaleza y condición de los verdaderos discípulos de Cristo, quienes al recibir en sus almas el Espíritu de Dios vienen a ser hijos de Dios”.
Este término, por lo tanto, explica el acto por el cual Dios redime al hombre de la esclavitud del pecado y lo introduce en la confraternidad de su pueblo.
Esta nueva relación por medio de la fe en Cristo Jesús.
Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.
Habilita al redimido para que pierda sus temores hacia Dios y lo acepte como Padre.
Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!
5 para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. 6 Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre!
Aunque “adopción” es un término legal para describir cómo uno que no es hijo legítimo viene a ser hijo legítimo a través de un proceso legal, para el apóstol Pablo es más que una mera transacción legal: denota el impartimiento del Espíritu por el cual el creyente se da cuenta de su nueva relación con Dios y de su paternidad: Dios viene a ser su Padre.
3.- Elemento: Reconciliación.
La reconciliación es inseparable de la justificación.
El pecado es la causa de la separación del hombre de Dios.
Pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír.
Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad.
El pecado rompe la relación armoniosa entre el hombre y Dios.
Pero en el evento salvador de Cristo, la reconciliación viene a ser una realidad.
El Apóstol Pablo explica la estrecha relación que existe entre la justificación y la reconciliación.
9 Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira. 10 Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida.
A la luz de este pasaje podemos notar que el Apóstol Pablo ve a la gente sujeta a dos problemas que son simultáneos:
1.- problema: La ira de Dios que pende sobre ellos por causa de sus iniquidades, más el castigo inevitable que les amenaza.
2.- problema: La enemistad que, como consecuencia de sus iniquidades, ha producido la separación.
En Cristo Jesús ambos problemas son resueltos: la justificación salva de la ira venidera, y la reconciliación salva de la enemistad prevalente.
Que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación.
La justificación es consecuencia de una causa triple, a saber:
a) La gracia de Dios.
El origen de la justificación es la gracia de Dios, por lo tanto, es una experiencia salvadora que toma lugar no en base a los méritos de la persona sino completa y totalmente en base a la gracia de Dios.
22 la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, 23 por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, 24 siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús.
b) Los méritos de Cristo.
Lo que Cristo hizo en obediencia al plan eterno de Dios para salvar al mundo es la causa meritoria de la justificación.
Sabed, pues, esto, varones hermanos: que por medio de él se os anuncia perdón de pecados.
c) La fe.
La fe es la causa instrumental de la justificación.
Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.
“Por fe” significa esa simple confianza en la palabra, gracia, misericordia y poder de Dios.